Osario

Encontré la voluntad de escribir mientras caminaba hacia el Osario por el Desierto de Sal. Bajo un ciprés que lloraba, reflexioné. Había caminado mucho. Alrededor, el erial intentaba secar lo último en mí. Las llagas supuraban. Un enano pasó a mi lado, corriendo. Iba en la dirección contraria a la que yo había venido. Le costaba correr, sus piernas eran demasiado cortas y las raíces secas le intentaban atrapar los pies y hacerle caer. Sin embargo, continuaba hacia delante, esforzándose, sudando. Expulsé al erial de mi interior. Volver sería duro, pero entrar sería mi último fracaso.

 

 

Mi primera publicación será algo que escribí durante mi estancia en el instituto. En su momento me pareció bueno. Ahora,  ya no tanto.

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